La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo enorme con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.
El
tiempo es al parecer lo más valioso para la sociedad actual, es algo
que no se puede cambiar por otra cosa, es irreemplazable. Se ha vuelto
algo tan importante en nuestras vidas que queremos aprovecharlo
enteramente, cada minuto, cada segundo cuenta. Esto provoca problemas cuando
alguien o alguna situación nos impiden
aprovechar nuestro tiempo, pues a nadie le gustaría que le quitaran lo
más valioso que tiene, lo cual causa frustración y estrés en la vida
cotidiana.
En una cotidianidad como ésta, es imposible pensar,
porque pensamos que es una pérdida de tiempo, pensar es como ir lento usando coche, nos hará llegar tarde al trabajo. Vivimos
tan deprisa que hasta se nos olvida pensar. Es más fácil y rápido hacer
las cosas automáticamente sin pensarlas, incluso sin darnos cuenta de
que lo que hacemos es absurdo, que la rutina le quita sentido a nuestra
vida, pero, como no pensamos, no nos damos cuenta.
Entonces qué
sentido tiene la vida si no nos detenemos a reflexionar en torno a ello.
Me es imposible pensar
la sostenibilidad en un sistema así.

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